Abogar por un milagro es el aliciente más satisfactorio de nuestra selección , pero lo cierto es que esta cita con la historia es especial. De primera mano porque esto huele a “revancha” por lo sucedido en Alemania 2006, posteriormente por todo lo que engloba Argentina con el simple hecho de ser mencionado en el terreno de juego y por último por la intención de demostrarnos a nosotros mismos que esto puede cambiar para bien.
Para hacernos a la idea de lo que será el partido de este domingo habría que compararla con la preparación de una buena sopa. Se tienen los ingredientes ideales para que salga perfecta y solo resta que el cocinero sepa como prepararla.
Aquí no nos dedicamos a mofarnos de un país o apostarle a agredir a la estrella de la Selección o al director técnico, sino a confiar en la capacidad de nuestro equipo y de nuestro entrenador.
Como mexicanos tenemos la responsabilidad de apoyar a nuestro equipo, en las buenas y en las malas, sin importar si juega nuestro jugador favorito o el jugador más lento del tricolor. Todos tienen nuestro apoyo para que hagan lo mejor posible en la cancha.
Es cierto, la historia siempre nos ha dado la espalda, nos ha golpeado fuerte para derribarnos, pero como país tenemos la convicción de levantarnos de entre las cenizas y que mejor manera de demostrarlo frente el cuadro sudamericano, ante una potencia mundial.
Tal vez pueda dormir lo que resta de la noche, quizá soñando con ese gol de Javier Hernández, o la atajada de Oscar Pérez, pero lo que más deseo profundamente es que México haga historia, como lo dicta el 2010 y como más de 100 millones estamos deseando que pase.
Vamos México … 90 minutos nos separan entre el pesimismo y el logro más importante de nuestro país.





