Una novela ficticia…
El fin de la tierra puede llegar cuando le venga en gana, pero no antes del mundial de fútbol.
¿Acaso no es todo absurdo de pies a cabeza? En México las camisetas cuelgan de los tendederos y se bañan de sol, los niños miran los titulares de los diarios que no comprarán, los ancianos escuchan atentos la radio: el medio periodístico y deportivo nacional quedan envueltos en un trance de turbulencia absoluta.
Y mientras tanto, del otro lado del atlántico, un puñado de futbolistas se encuentran en Sudáfrica a un día de inaugurar la máxima competencia. Algunos vienen de jugar en brillantes clubes europeos, hartos de millones de euros y fama sin par. Están para representar a su país llamados por un entrenador que se ha convertido en un ícono para la nación, que primero dice que estamos jodidos y luego sale con un discurso esperanzador. Van a vestir una playera diferente y para jugar en los estadios que se serán observados por millones de telespectadores alrededor del mundo. Van a jugar, a correr, a sudar por un sueño: el absurdo sueño de la gente que postra sus esperanzas entre la gloria o un desastre aparente.
Hoy, 10 de Junio, la Selección Mexicana se encuentra concentrada en algún punto de Johannesburgo, en Sudáfrica. Fui de los primeros en llegar al último entrenamiento. Había que hacerlo así pues uno ya no sabe si de pronto vendrán los agentes de seguridad y dirán a todos: “El entrenamiento está censurado para los medios”, lo cual, claro, es una completa estupidez; pero el entrenador nacional viene de pasar por varias críticas después de una larga concentración que dejó más dudas en nuestro accionar. Uno no puede saber si tantos spots publicitarios que realizó le dejaron “despejada” la cabeza, y ahora sienta que lo más conveniente es dejar a los medios al margen de los entrenamientos, para que así no lleven su mala leche y lo echen todo a perder. En fin que por eso llegué temprano.
También me encontré entre los primeros a Javier Marini, recargado contra uno de los barandales, en la grada norte, con su pequeña libreta de apuntes y su lápiz del No.2 al que aún saca punta con una navaja que guarda en el bolsillo.
Lo saludé, le pregunté por su familia, le ofrecí un cigarrillo:
- Míralos, están ansiosos – me dijo.
- Espero que no estén ansiosos por joderse bien.
- No lo harán. Me da buena espina esta selección.
- Hay muchas caras nuevas, ¿no?
- Son caras mexicanas, de esas que ve la gente todos los fines de semana por TV. También son buenos futbolistas.
- ¿Hablas de Vela, Gio, de Ochoa?
- Hablo de Juárez, Chicharito, Aguilar.
- Sí, claro… y también traemos a Cuauhtémoc, con 36 años a cuestas, para salvar la situación.
- Y me parece que lo hará.
- ¿Bromeas?
- Podría hacerlo él o cualquiera.
- No lo ha hecho nadie todavía.
- ¿Acaso temes que México quede fuera de la etapa de grupos?
- Es la mejor selección que he visto en mi vida.
- ¡Vamos! Debiste decir lo mismo por lo menos otras cinco veces en los últimos 15 años. No te culpo, yo también lo he hecho… eso vende bien.
- Mejor ten cuidado, después te tacharán de amarillista.
Los jugadores comenzaron a trotar alrededor del terreno de juego. No hablaban mucho. Sabían que eran observados. Aguirre también lo sabía, y gritaba sin parar. Su historia, su destino y su gloria, estaban en juego.
- Los grandes jugadores siempre fueron un fracaso como entrenadores – dije.
- ¿Siempre?
- Piensa en Hagi con Rumania, Stoichkov con Bulgaria, Hugo Sánchez en México…
- A Beckembauer le fue de maravilla.
- Aguirre parece no tener la menor idea de lo que hace dejando a Ochoa y Guardado en la banca.
- Y todos lo sabíamos desde hace algunas semanas. Como sea saltamos de contentos cuando fue elegido como entrenador.
- Tenían que hacerlo, como estaba la situación sólo él podía llevarnos al mundial.
- Mentira… queríamos saciarnos. Nunca nos faltaría agua para beber de este manantial. Para mal o para bien, siempre habría mucho que contar.
- Ahora vamos a contar que perdimos la inauguración del mundial.
- Y como sea tendrás trabajo, y mucho, y bueno.
- Sí, y como sea preferiría trabajar más tiempo hablando de México durante Junio.
- Entonces deja de hacerte, amarillista… porque México ganará sus partidos, y también de eso habrá mucho para hablar.
Son las 10:00 PM locales, a pocas horas de iniciar la copa del mundo. Llegué a la plaza Mandela con el resto del equipo de transmisión. Nos instalamos en el hotel y, después de librarme de un poco de trabajo, me cambié y me fui a dar una vuelta hasta llegar a un bar agradable donde se encontraban algunos colegas de la prensa Sudafricana.
- ¡Mexicano! Mañana se les acaba la suerte.
- Espero que sea suerte lo que tenemos desde hace días, porque esa nunca se acaba.
- Nunca han ganado un partido de inauguración en su historia. Todo está en su contra.
- Entonces el día que eso suceda está más cerca que nunca.
Todos hicieron burla de mí. Por supuesto, no dije nada; pero en cambio les hice pagar la cuenta jugando a las cartas. Y ese fue el primer tanto a favor de México.
Continuará…
Foto| famm94.files.wordpress





